Menos que una columna o un análisis, este texto es un testimonio y un homenaje a un diplomático, a un ser humano y un amigo: Carlos Rico.
De estatura física relativamente baja, pero de una enorme talla intelectual y moral, Rico fue uno de esos personajes que pasó por la vida coleccionando amigos y sembrando buenas voluntades. Su último cargo fue el de Subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte, una encomienda que dejó hace unos meses para ir aHouston a buscar cura para un cáncer que al final lo llevó a la tumba.
Pero la huella que dejó Carlos es extraordinaria, sea en términos académicos y su insistencia de que no sólo los Estados Unidos debían tener la posibilidad de estudiarnos, sino nosotros, loslatinoamericanos en general y los mexicanos en particular, debíamos estudiarlos a ellos, sino en la enorme cantidad de jóvenes diplomáticos a los que tomó bajo su ala y ayudó a entrenar y preparar, sea desde su percha en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), sea como Cónsul general, SubJefe de Misión Diplomática, Embajador, Subsecretario.
Cierto, Rico no era muy conocido del gran público. Pero en muchos sentidos personificó las virtudes de la diplomacia sin olvidar que la política exterior, en especial lamexicana , tiene la necesidad y el deber de mantener un fuerte componente de protección a compatriotas en otras naciones, especialmente Estados Unidos. Y actuó con igual dedicación lo mismo a la hora de defender indocumentados en una granja en Maine que al participar en la evacuación demexicanos sorprendidos en una zona de guerra en la frontera entre Israel y Libano o como consejero de temas de política hacia Estados Unidos y América Latina.
Muchas veces es muy fácil dejar el compromiso con un simple “cumplió con su trabajo”, pero a veces como este caso eso no es suficiente. Nisatisfactorio.
Es muy fácil hablar bien de los recién fallecidos. No hace falta mas que omitir sus defectos. Pero en el caso de Carlos hubiera sido difícil hallar manchones que no hubieran sido compensados de sobra por sus virtudes: honradez, curiosidad intelectual, solidez académica y profesional, padre y esposo, maestro y amigo.
Cuando sus amigos decidieron organizarle un homenaje, el sábado último en un salón de la “Casa Lamm”, nadie esperaba la respuesta ni la concurrencia. El testimonio de afecto y amistad rebasó todas las previsiones en términos de números y de calidad. Una literal pléyade de estrellas actuales del Servicio ExteriorMexicano, muchos de ellos antiguos alumnos y compañeros, así como personalidades aún vigentes como la exCanciller Rosario Green y el Embajador Emérito Sergio González Gálvez y algunos de los mas importantes estudiosos mexicanos de temas de Relaciones Internacionales.
Carlos tenia un espíritu renacentista, con intereses intelectuales enormemente variados, pero siempre con tiempo para sus amigos y sobre todo para su familia, una que en términos afectivos se extendió mucho mas allá que su esposa y sus dos hijas.
Fue, hay que decirlo, un hombre convencido de que trabajar para los mexicanos es trabajar para el país pero no implica simplemente hacer y dejar hacer, sino promover mejoras y aunar voluntades.
Ciertamente no hay nadie indispensable. Pero hay ausencias que se dejan sentir, y la de Carlos Rico es una de esas.

Aunque no haya tenido el honor de conocer al señor Carlos Rico, señor Carreño, el hecho de que haya sido un luchador a favor los derechos humanos de los mexicanos en el exterior, es -como bien dice usted- una pérdida que se dejará sentir entre quienes por una u otra razón tienen que salir del país y pueden encontrar agresiones de todo tipo por parte de quienes no sienten simpatía alguna por los mexicanos.
Comment by cristina Cruz Juárez — January 12, 2010 @ 5:37 pm